El miedo a perder, a no querer preocupación, a no
querer estrés, a no querer los sacrificios que implica el alcanzar cosas
grandes, eso es espíritu de pobreza.
Un verdadero valiente jamás cambiaría la libertad de
escoger para dónde va, cuánto alcanza, cuánto logra, para quedarse en un lugar
fijo y depender de que otro diga y que otro determine. Jamás en la vida. Es
cierto que esto implica preocupación y riesgo, pero no podemos decir que no nos
vamos a atrever a arriesgar, que no nos vamos a atrever a hacer todo lo que
Dios tiene para nosotros, por miedo, o por preferir no tener el estrés o la
ansiedad.
Vive con el estrés. Vive con la ansiedad. Vive con la
ocupación. De lo contrario, lo único que habrás alcanzado en tu vida será
quietud. ¿Es eso todo lo que quieres? Entonces, entrega todo, y vive con tu
quietud.
Una empresa te va a costar más horas. Unos hijos te
van a costar ceder a tus sueños para alcanzar los sueños de otros. Una familia
te va a costar entregar comodidades. Una mejor casa te va a costar ahorrar, y
preocupaciones. Pero no puedes cambiar la pasión, el deseo, de ser todo lo que
Dios quiere que tú seas, por un poco de quietud.
Tú fuiste hecho para cosas más grandes. Fuiste hecho
para hacer cosas más grandes con tu vida, para prosperar, para progresar.
Aspirar a algo grande te va a costar sacrificio; todo lo bueno tiene
sacrificio, pero jamás dejes de alcanzar tan solo por eso.
La biblia dice que los dolores de parto de una madre
no se comparan con la alegría del momento en que ponen esa criatura sobre ella.
No importa el dolor que haya pasado, el tener esa criatura en sus manos trae
una satisfacción, una alegría, que no se compara y que vale el esfuerzo.
No te puedes quedar a la mitad de lo que Dios quiere
que tú seas. Si tu miedo es no lograrlo, mejor muere en el intento. Y, cuando
hay preocupación, Cuando hay cargas
sobre tus hombros, entrégalas al Señor, para que él se haga cargo de ellas.
Hay muchos resentimientos que pueden acumularse en uno, en
el lapso de un día y la única manera de poner en el rostro una marca de
alegría nuevamente, es mediante el descubrimiento de un amor que sobrepasa todo
y es capaz de superar los resentimientos y llenarnos del espíritu del perdón. “Te
perdono”, es el lenguaje del amor.
He aprendido
que es una tontería regañar a los demás, bastante tenemoscon vencer nuestras propias limitaciones sin
irritarnos por el hecho de que Dios no haya creído conveniente distribuir por
igual el don de la inteligencia.
Ningún hombre
se critica así mismo por nada, por grandes que sean sus errores. La crítica es
inútil porque pone al prójimo en la defensiva, y por lo común hace que trate de
justificarse. La crítica es peligrosa, porque lastima el orgullo, tan precioso
del hombre, hiere su sentido de la importancia y despierta sus resentimientos.
Hay dos clases
de personas en el mundo, los que levantan murallas y los que construyen
puentes. Robert Lee Frost dijo
una vez: “Antes de edificar murallas hay que mirar bien qué es lo que uno deja
fuera y qué es lo que uno encierra adentro”. Ese es un buen consejo para los
constructores de murallas, porque en su autodefensa y hostilidad suelen hacer
que la gente se aleje de ellos.
Los ingenieros
de puentes somos aquellos que siempre esperamos lo mejor de los demás, creemos
que es posible esperar algo bueno de las personas y estamos ansiosos de creer
siempre lo mejor, aún, en las circunstancias más desfavorables. ¡Tendemos
puentes porque hemos aprendido el lenguaje del amor!
La solución es
aprender este lenguaje y comienza con estás palabras “El amor no guarda rencor”.
1era de Corintios, cap 13, versículo 5.
La Verdadera riqueza de: purocuento.com ("quiero compartirlo con Ustedes")
Un
día, el padre de una familia adinerada llevó a su hijo a un viaje por
el campo, con el firme propósito de que viera cuán pobre era la gente
que vive en el campo.
Pasaron todo el día y la noche en la granja de una familia campesina muy humilde.
Al concluir el viaje, ya de regreso en su casa, el padre le pregunta a su hijo:
Padre: ¿Qué te pareció el viaje?
Hijo: Muy bonito, papá.
Padre: ¿Viste lo pobre que puede ser la gente?
Hijo: Sí.
Padre: ¿Y qué aprendiste?
Hijo:
Vi que nosotros tenemos un perro en casa, ellos tienen cinco. Nosotros
tenemos una piscina larga hasta a la mitad del jardín, ellos tienen un
arroyo que no tiene fin. Nosotros tenemos lámparas importadas en el
patio, ellos tienen las estrellas. Nuestro patio llega hasta la muralla
de la casa, el de ellos tiene todo un horizonte. Ellos tienen tiempo
para conversar y convivir en familia, tú y mi mamá tienen que trabajar
todo el día y casi nunca los veo.
Al terminar el relato, el padre se quedó mudo, y su hijo agregó:
¡¡¡Gracias papá, por enseñarme lo ricos que podemos llegar a ser!!!
Ser una persona desapegada no implica que se sea
distante, fría o que no se valore lo que tanto sacrificio ha costado conseguir.
El
desapego es mirar las cosas y la vida en general con mucho amor, generosidad y
consciencia.
Una persona que aprende a vivir con lo
que tiene, pero no siente temor de perderlo se puede considerar verdaderamente
libre. Aquel que no acumula bienes, objetos o personas sino que disfruta de
todo cuanto tiene y no tiene es una persona feliz y sabia, Llegar a esta
postura no es fácil. Posiblemente, para poder tener esta mentalidad se
haya tenido que perder mucho. El ser humano aprende mediante las crisis ya sea
de orden económica o existencial.
Uno aprende a valorar las cosas, “lamentablemente
gracias al sufrimiento”, En cuanto al afecto, amar a alguien significa dejar
ser libre. El desapego no es abandono sino amor incondicional. No podemos
mantenernos presos unos de otros. No hay que depender de nadie ni hacer que
nadie dependa de uno.
Hay que intentar vivir cada día como si
fuera el último sin que exista la necesidad de consumir a nuestra pareja, a
nuestros amigos para esclavizarlos. Si se logra entender el verdadero
significado del desapego se estará trascendiendo a un nivel espiritual más
elevado que traerá muchos beneficios.
Dentro de
cada uno se esconde la herramienta más poderosa que hay que poner en práctica y
es la de la generosidad del amor. Nadie puede enseñar al otro a
desentenderse de los bienes materiales y las personas que nos anclan y hacen
presos de una conducta consumista exagerada.
En nuestro interior está la clave para
afrontar este tema con sensatez. La introspección sirve para conocernos, para
preguntarnos y reflexionar hasta hallar las respuestas necesarias.
¿Qué
realmente nos aporta esa prenda que nos hemos comprado, en qué nos ayuda tener
tantas cosas que no usamos, gente que nos desgasta o nos hace daño, por qué
seguimos teniendo un vínculo con ellas, qué estamos haciendo mal? Son todos
interrogantes que solamente cada uno podrá resolver.
A veces
es más simple de lo que parece. Destinar un fin de semana a hacer algo
diferente que no implique el uso de la billetera. Encontrarse con uno mismo en
una determinada situación.
No
es necesario irse lejos a un retiro espiritual, sino que es importante poder
encontrarse con uno mismo sin miedos ni prejuicios. Realizar un pequeño cambio
para hacer la gran diferencia. Ver que otra manera de vivir y relacionarse con
el mundo es posible.
Tendríamos
que tener todo lo que queremos sin necesidad de atarnos a deudas, conflictos
por dinero, sufrimientos amorosos a los que culpamos y queremos perpetuar
cuando ya no es posible. La vida no es tan compleja como nos quieren hacer
creer.
Estamos acostumbrados a otorgarle
emoción a una determinada situación si nos da satisfacción el resultado
obtenido. Si nos compramos una casa, entonces somos felices.
Si
nos vamos de viaje, entonces nos alegramos, si acumulamos cada vez más ropa,
nos sentimos satisfechos y así vamos formando y alimentando nuestra existencia.
Aprender a ser feliz por otro tipo de cosas es posible.
Qué tal si nos educamos y educamos a
nuestros hijos a ser felices por estar juntos, por compartir este maravilloso
día de sol o lluvia, por las cosas sencillas que son las que en definitiva
deberían valer la pena.
Dar: la
mejor manera de ejercitar el desapego es dando. Compartir lo que uno tiene,
no tener miedo de que no vuelva. Lo que es nuestro es de todos. Dar con amor y
verdadera generosidad.
Esta
actitud es muy poderosa ya que estaremos vibrando tan alto que recibiremos lo
mismo que somos capaces de dar.
El desapego no implica renunciar a
los sueños
de tener todo aquello que se desea. Lo importante es no sentir miedo
de perder lo que se tiene.
Poder valorar otras cosas importantes
de la vida y no sufrir por las pérdidas, sino reciclarlas y ver siempre el lado
positivo, preguntarnos cuál es la lección que tenemos que aprender de los que
nos está pasando y siempre hacer el esfuerzo de mirar la realidad desde muchas
perspectivas.
En Génesis cap.24; ver.34, el siervo de Abraham
dice que Jehová había prosperado a su amo, que este se había engrandecido, y
que le había dado ovejas y vacas, plata y oro, siervos y siervas, camellos y
asnos.
Algunas personas no saben recibir. A
veces, tenemos grandes problemas en recibir de parte de Dios.
Por diferentes razones, no tenemos
el corazón abierto para recibir de parte de Dios. El recibir algo nos hace
sentir incómodos. El que alguien haga algo por ti, te hace sentir incómodo. El que
alguien te favorezca, en un momento dado, te hace sentir incómodo. Si alguien
hace algo por ti, sientes que le debes el favor, y no estás tranquilo hasta que
pagues el favor que aquella persona te hizo. No disfrutas lo que te han dado.
Cuando no tenemos la capacidad de
recibir, caemos en una conciencia de estrechez, donde Dios no puede hacer nada.
No podrás alcanzar el final de tu fe, si no entiendes que hay una parte de todo
lo que Dios quiere hacer contigo que siempre será dada por gracia.
No se trata de que te vayas al
extremo de buscarlo todo de gratis, pero tienes que entender que no va a ser tu
esfuerzo únicamente lo que va a producir los grandes resultados, sino que va a
llegar un momento dado en tu vida donde la fe que hay en ti, la revelación que
hay en ti, va a provocar que ciertas cosas comiencen a ser añadidas a tu vida,
y el favor de Dios se va a mostrar en ti.
Si todo lo que tienes, lo que
alcanzas, es por tu esfuerzo, entonces, no está el factor divino. Tiene que
haber algo en tu vida que no tenga otra explicación que: Solo Dios me lo dio.
Tiene que haber algo que tú no puedas decir que lo trabajaste, que lo luchaste,
que lo sudaste.
Ciertamente hay cosas que vas a
tener que luchar, cosas que vas a tener que trabajarlas, sudarlas. Vas a tener
que engrandecerte, como hizo Abraham, vas a tener que poner acción. Pero tiene
que haber algo dentro de ti, que muestre que hay favor divino.
Lamentablemente, en la vida de muchas
personas, eso no existe, porque han encerrado su corazón, al grado de no poder
recibir de Dios. Y, sin darse cuenta, comienzan a detener el potencial de Dios
en sus vidas.
Tiene que haber un momento dado en
que tú ensanches tu corazón para recibir de Dios
Nuestras
manos forman parte de las extremidades y están compuestos por unos dedos, con
ellos agarramos muchas cosas y nos sirven para casi todo, especialmente para
comer, beber y asearnos. Las usamos para múltiples costumbres, como ¡el saludo! Con ellas gesticulamos, indispensable para el
lenguaje de señas para la comunicación con personas sordas o con problemas
auditivos Las personas invidentes pueden utilizar sus manos como instrumentos
de lectura mediante la escritura en Braille. Para escribir y dibujar, tallar y modelar, crear y hacer,
con las manos. Aliviar el dolor mediante técnicas de masaje, Para obtener placer
físico, usada para interpretar instrumentos musicales.
Son el principal órgano para la
manipulación física del medio. La punta de los dedos contiene algunas de las
zonas con más terminaciones nerviosas del cuerpo humano; son la principal
fuente de información táctil sobre el entorno, por eso el sentido del tacto se
asocia inmediatamente con las manos.
Además, las manos están compuestas
de varios, músculos y ligamentos diferentes que permiten una gran cantidad de
movimientos y destreza. ¡Dios bendigas las manos de arduo trabajo! Manos que no se alcen para el maltrato y los golpes; sino manos que acaricien y den amor. ¡Dios bendiga las manos de mi madre!
Así son también los hijos de la tierra, cada uno diferente a otro, con características únicas, unos
más grandes que otros, unos más gordos que otros. Salen caros pero no tienen
precio. Manos sin dedos ¡gran aflicción! Son necesarios, ¡son diferentes, pero
juntos hacen muchísimas cosas! Así quisiera yo que fuesen los hijos, que aunque tengas sus diferencias y su forma particular de ser, ¡seamos
unidos para lograr el éxito!
La belleza exterior viene de una fuente
diferente a la belleza interior. La belleza exterior viene de tu padre y
de tu madre: sus cuerpos crean tu cuerpo. Pero la belleza interior
viene de tu propio crecimiento de la conciencia que estás trayendo de
muchas vidas. En tu individualidad ambas cosas se unen, la herencia
física de tu padre y de tu madre y la herencia espiritual de tus vidas
pasadas, su conciencia, su gozo, su alegría.